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segunda-feira, 2 de novembro de 2009

A Eterna Saga de Cristóvão Colón

Continua a questão acerca da nacionalidade desta personagem histórica o que bem comprova que a versão oficiosa acerca da biografia do mesmo não é possível de ser aceite.

Talvez por ser em parte bastante fantasiosa mesmo para os cânones da época.

As razões de Estado da época obrigaram a um segredo tal que se tornou quase num mistério!

Depois, quem poderia ter mostrado as reais razões, nunca esteve interessado em tal e num autêntico lesa-pátria até apadrinhou a tal versão oficiosa.

Citando o períodico LA VANGUARDIA.


Dos investigadores de Estados Unidos apoyan la catalanidad de Cristóbal Colón

Los autores argumentan en sus libros que el navegante hablaba catalán El historiador Charles J. Merrill considera que el almirante pertenecía a la familia Colom que había luchado contra Juan II


ROSA M. BOSCH Barcelona 30/10/2009 Actualizada a las 01:11h Ciudadanos

El historiador peruano Luis Ulloa Cisneros fue el primero en defender la catalanidad de Colón. En 1927, en una conferencia en la Société d'Américanistes de París, Ulloa sostuvo que el almirante nació y se crió en Catalunya; sus investigaciones quedan reflejadas en Christophe Colomb catalan: la vraie genèse de la descouverte de l'Amérique. Desde entonces, quien ha reivindicado el origen catalán de Colón ha despertado en muchos hilaridad y críticas. En las últimas semanas han aparecido dos nuevos libros de autores de EE.UU. que profundizan en esta tesis: The DNA of the writings of Columbus (Ed. Puerto), de Estelle Irizarry, profesora emérita de Literatura Hispánica de la Universidad de Georgetown, y Colom. 500 anys enganyats. Per què s'amaga l'origen català del descobridor d'Amèrica (Cossetània Edicions), del historiador Charles J. Merrill.

MÁS INFORMACIÓNLa política, contra Cristóbal Colón
Cristóbal Colón hablaba catalán en la intimidad


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"La obra de Merrill es un bálsamo para la teoría catalana de Colom ya que algunas obras que han aparecido en los últimos años nos han perjudicado por su poco rigor y frivolidad", destacó ayer Francesc Albadarner, presidente del Centre d'Estudis Colombins, en la presentación de la edición catalana del libro, un año después de la publicación de su versión inglesa en Estados Unidos.


Merrill, experto en literatura medieval catalana, ha recopilado durante los últimos 20 años información para presentar ordenadamente todas las teorías sobre el origen del descubridor de América y llegar a la conclusión de que era catalán. Desgrana argumentos para demostrar por qué el almirante ocultó su origen. Como Ulloa considera que el navegante pertenecía a la familia Colom de Barcelona que había luchado contra Juan II, padre de Fernando el Católico, en la guerra de 1462-72, para Merrill este es motivo más que suficiente para que "dejara poquísimas pruebas sobre sus orígenes familiares" si quería emprender su conquista del Nuevo Mundo. Y más argumentos relatados en el libro:

los Reyes Católicos excluyeron a los habitantes no castellanos de los beneficios que generaba el comercio con las Indias.

"Fernando había vivido la rebelión de los catalanes contra el poder de su familia y los consideraba obstinados y maliciosos".

Merrill apunta que Fernando daba por sentado que "si los catalanes sabían que el descubridor de estos territorios era un catalán tendrían grandes tentaciones de rebelarse una vez más".

El almirante se refería a los Reyes Católicos como "mis señores naturales" y Merrill entiende que si hubiera sido genovés, como sostiene la historia oficial, se limitaría a hablar de "mis señores".


También es sabido que puso el nombre de Montserrat a una isla caribeña y que uno de sus hijos, Diego, sentía una profunda devoción por Montserrat.

También desde Estados Unidos, la lingüista Estelle Irizarry, tras analizar diarios y cartas manuscritas del navegante, concluye que Colón era catalanohablante y que aprendió antes el catalán que el castellano.


Para Irizarry una de las claves es la puntuación y el empleo de la vírgula que no se usaba en Castilla pero sí en los territorios de habla catalana de la Corona de Aragón.

quinta-feira, 2 de julho de 2009

Quem chegou primeiro ?

Mais uma porta aberta nas investigações históricas em que cada vez mais chegamos à conclusão que os cânones clássicos, habitualmente anglo-saxónicos, não são tão correctos como parecem.

Tudo aponta a que se tenha criado uma "escola de super-civilizadores", que gozaram sem dúvida de uma boa máquina publicitária-divulgadora, que na realidade muito pouco têm de pioneiros ou melhor dizendo, de terem sido os primeiros a cortar a meta.

É que nos dias de hoje ainda há quem defenda a teoria de que só no século XVI se conseguiu começar a explorar o planeta em que vivemos, sendo que antes ninguém saía dos locais onde viviam, não viajavam, não procurava oportunidades.

Transcreve-se uma notícia vinda a lume no jornal La Voz de Galicia:



investigación

¿Fueron los gallegos los primeros en llegar a Nueva Zelanda?

Un investigador de las antípodas busca conexiones en A Coruña para esa teoría
Autor:
Francisco Espiñeira


Fecha de publicación:

1/7/2009

Una pequeña ciudad de la costa noroeste de la isla norte de Nueva Zelanda llamada Aranga podría tener la llave que explicara que los gallegos fueron los primeros en llegar a las antípodas y no los holandeses de Abel Tasman, como indican los libros de historia. Bajo esa teoría, una organización del país de los maoríes, bautizada con el nombre de Underwater Heritage, trata de encontrar los vínculos que justifiquen esa hipótesis.

Uno de los investigadores, Winston Cowie, pasó junto con su colaborador Angus Fraser una semana en España intentando «reunir y dar sentido a las piezas de este rompecabezas» en colaboración con el español Juan Piñeiro, de la localidad de Mabegondo, uno de los miembros más activos de Underwater Heritage. «Yo soy de la Aranga de Nueva Zelanda y hace años que investigamos la relación de dos barcos hundidos cerca de la costa donde vivo yo (Dargaville), que podrían ser dos fragatas inglesas o españolas», cuenta Winston Cowie.

Una de esas embarcaciones, una carabela, podría ser, a falta de confirmación definitiva, el San Lesmes , un buque cuya última singladura partió de A Coruña, tras casarse su capitán en la iglesia de San Jorge, en el año 1527. «Tasman llegó en 1624 y Cook fue el primer europeo que se asentó en Nueva Zelanda, al menos de forma documentada, en su expedición de 1769. Sin embargo, cuando él llegó allí ya se encontró a algún aborigen pelirrojo, que, evidentemente, debería tener una procedencia europea», insiste Cowie.

Otro nombre de la geografía gallega que también tiene eco en el otro lado del mundo es el de Tui, que en Nueva Zelanda es como se conoce en lengua maorí a un pájaro de la especie Prosthemadera novaeseelandiae . El pasado martes, la expedición neozelandesa se desplazó a la localidad fronteriza con Portugal para buscar más conexiones, aunque sin demasiado éxito.

En esa línea de trabajo de probar la existencia de nuevos nexos de relación de la isla norte con Europa, Underwater Heritage ha ido reuniendo en los últimos años diferentes pruebas que podrían avalar la teoría de que los gallegos fueron los primeros en llegar a Nueva Zelanda. Ahora, buscan el respaldo institucional para conseguir los fondos para demostrar esa tesis. Y ahí entra en juego de nuevo A Coruña. El árbol más antiguo de la ciudad es un metrosidero, que es el típico de Nueva Zelanda, también conocido como el christmas tree por su singular ramaje. Según la tradición, esa especie llegó a bordo de un barco mercante que transportaba jabón entre el Pacífico y la vieja Europa. Fue plantado hará más de dos siglos, aunque Cowie espera que las pruebas recabadas estos días en Galicia sirvan para conseguir la financiación suficiente del Gobierno de su país para organizar una expedición científica más amplia. «Nosotros hemos hecho una medición aproximada para datar el árbol, pero en nuestro país hay personas especializadas en este tipo de trabajos, un dendrocronólogo, que podría hacer una medición más exacta, porque podría ser la llave para alterar la fecha del descubrimiento de Nueva Zelanda», añade Winston Cowie.

El investigador regresa hoy mismo a Qatar, donde se encuentra su centro de trabajo, pero no descarta nuevas expediciones a Galicia para ampliar los datos recabados. «¿Tú sabes lo que significa Aranga?», pregunta a modo de despedida sin encontrar respuesta.

sexta-feira, 15 de agosto de 2008

Cristóvão Colon = = Cristobal Colón I

Neste assunto referente a Cristóvão Colón ou Cristobal Colón, cada vez existem mais elementos que contrariam a tese romantica da mafia italiana.

Pode ser que não fosse um fidalgo português ou galego mas, a forma como se movimentava na corte de D. João II em Portugal e na dos Reis Católicos em Castela, impunha imediatamente a sua condição de nobre nada consentânea com a pseudo origem humilde genovesa de filho de um tecelão.

Transcreve-se a notícia do jornal La Voz de Galicia.



UNA POLÉMICA QUE SE REAVIVA

¿Era Colón gallego? Arcade defiende que sí

Soutomaior, a través de la recién inaugurada tienda La despensa de Colón, retoma la tesis del historiador Alfonso Philippot por la cual el descubridor de América y Pedro Madruga son la misma persona.

Autor:
Redacción digital Olalla Sánchez


Fecha de publicación:

13/8/2008
Hora:
Actualizada a las 19:00 h


A pesar de que Cristóbal Colón escribió en referencia a Génova «de ella salí y en ella nací» lo cierto es que el descubridor de América casi no hablaba italiano y las referencias sobre su supuesto origen genovés son escasas. Este vacío, juntado a la polémica perenne que acompaña a su figura, han llevado a decenas de personalidades de todo el mundo a cuestionar, a lo largo de los últimos 500 años, la versión que defiende su origen transalpino y a acercar su nacionalidad a la puerta de su casa (en ocasiones, con demasiadas incongruencias y falsedades documentales).

En esta polémica sin fronteras Galicia también tomó posiciones y ya desde que a finales del siglo XIX el pontevedrés Celso García de la Riega pronunciase en Madrid una conferencia en la que daba a conocer unos documentos de los siglos XV y XVI que citaban a varios miembros de una familia de pontevedreses que se apellidaban Colón, diversas personalidades han acreditado su origen galaico.

Como hechos innegables destacan el hecho de que el Colón que se presentó ante los Reyes Católicos era un personaje de habla y maneras portuguesas, muy parecidas a las gallegas, y la elevada participación de la comunidad en el descubrimiento, tanto en embarcaciones, como La gallega, como en tripulantes.

Tras más de un siglo de discusiones y rivalidades, Alfonso Philippot, un vigués de ascendencia italiana y capitán de la Marina Civil, acentuó más el debate al editar el llamativo y voluminoso texto La identidad de Cristobal Colón. En él, y aparte de insertar numerosa documentación sobre el tema, llega a la sorprendente conclusión de que Cristobal Colón y Pedro Álvarez de Soutomaior, más conocido como Pedro Madruga, son la misma persona.

Philippot parte del convencimiento de que el descubridor era de una familia noble, por lo que a través de la observación de los árboles genealógicos de la familia Sotomayor y Colón (la gallega, obviamente) llega a tal conclusión. Como nota a pie de página, señala que el marino, en su larga travesía, parte del puerto de Palos, donde es señor el conde Cifuentes, Juan de Silva y Tenorio, primo de Pedro Madruga, y que Colón, al poner cinco anclas en su escudo, aseguró que él «no era el primer almirante de su familia» (cada escudo significa un almirante). La única familia gallega que contaba con cinco marinos de tal graduación en su linaje era la Sotomayor.

Ahora, retomando este tesis, y mientras la polémica se reaviva, en Arcade se acaba de inaugurar la tienda La despensa de Colón, dedicada principalmente a alimentación, y en donde para apoyar la tesis de Philippot se facilita información sobre el supuesto origen gallego del descubridor. Además, se venden objetos tematizados e, incluso, dispone de un punto de recogida de firmas par solicitar el análisis del ADN Colón-Soutomaior y para que la Real Academia de la Historia toma en consideración esta hipótesis.

Para defender su negocio, sus promotores resaltan un hecho innegable: «por primera vez en las visitas al castillo de Soutomarior los guías empiezan a hacer referencia a la tesis que defiende el origen gallego del descubridor».

domingo, 20 de julho de 2008

Cristóvão Colon = = Cristobal Colon

Durante anos os escritores colaboram com pseudónimos em diversos jornais escrevendo vários artigos, uns de ocasião outros de encomenda.

Eça de Queirós não foi excepção e sabia-se da sua colaboração com jornais do Brasil como é o caso do texto agora vindo de novo à luz no Expresso de 12 de Julho de 2008.

Mesmo quando se escreve com pseudónimo é muito difícil esconder o estilo, a verve da escrita, pois são características muito pessoais do escritor e este texto não deixa de mostrar o estilo que Eça deu a todas as suas obras, mesmo as mais célebres, afinal aquele algo que distingue Eça dos outros.

De notar, neste texto, o tom irónico com que Eça faz o resumo da biografia "oficial" de Cristóvão Colon, erradamente apodado de Colombo.

É que para alguém com os conhecimentos que Eça e muitos outros tinham e têm é impossível aceitar certos passos da tal biografia.



Eça de Queirós

Colombo e o seu centenário
ESTE TEXTO DE EÇA PERMANECIA DESCONHECIDO DESDE 1892. UM ACASO DITOU O SEU ACHAMENTO



D.R. OS CENTENÁRIOS TÊM a excelente utilidade de avivar e recolorir largos pedaços de História, que já se apagavam, se sumiam, conservando apenas aqui, além, algum contorno incerto e turvo...

Há anos, em Lisboa, o centenário do «Príncipe dos Poetas» levou muito homem culto (e mesmo de Letras) a comprar enfim Os Lusíadas: e os divinos Sonetos, as Elegias choradas com tanta paixão e arte «sob los rios de Babilónia», foram finalmente lidas (ou folheadas), porque, no Rossio e no Alto da Graça, havia luminárias em honra de Luís de Camões. Não foi tanto porém a Obra como a Vida do poeta que teve assim o seu feliz momento de ressurreição.

E como ela andou tão espalhada e repartida pelo mundo, através dela se rememorou - desde a Lisboa do século XVI, e da corte letrada da infanta D. Maria, e do soalheiro turbulento de Alhos Vedros até aos combates da Índia e às façanhas dos Mares do Oriente - toda uma soberba página da vida heróica da Renascença Portuguesa. Esse centenário foi assim, entre préstitos e charangas, uma preciosa vulgarização histórica. Portugal necessita de vez em vez absorver um largo trago da sua História - como os velhos de esvaída força necessitam beber goles de vinho generoso e forte, de Borgonha ou do Porto.

A mesma útil lição do passado nos está sendo dada pelo centenário de Cristóvão Colombo, de quem, por entre este tumulto de ideias e factos que nos solicitam, andávamos tão esquecidos (nós os ignorantes), que apenas sabíamos que ele vagamente descobrira a América, e vagamente morrera em miséria. Todo o resto era uma mancha escura. Dela agora, graças ao centenário, vai surgindo (para nós os ignorantes), em um relevo certo e cada dia mais vigoroso, a imagem do herói e do seu tempo.

Já começamos a saber toleravelmente o nosso Colombo - e como numa aventurosa galé arribou à Madeira, onde herdou os papéis e as cartas dum velho mareante português; e como muito tempo errou por Lisboa, oferecendo um Mundo novo, desatendido do «Rei Perfeito», desdenhado pelos nossos cosmógrafos, que só tinham olhos para Oeste; e como por um triste Inverno atravessou a Espanha, quase mendigando com o seu filhito Diego; e como bateu à porta do Mosteiro de Santa Maria da Rábida para nele encontrar, além do pão, aquele inteligente patronato de padres e fidalgos que, através de lutas, de dedicados esforços, o puseram enfim a bordo da Santa Maria, com uma bolsa de 6000 maravedis, para ele ir buscar esse mundo de que tanto se riam os grandes doutores de Salamanca.

E não é só Colombo que assim renasce, outra vez vivo e real, mas todos esses homens fortes que o amaram, com ele colaboraram no grande achado e, de todo esquecidos, vêm hoje receber a sua parte de glorificação - o bom prior do Mosteiro da Rábida, Juan Pérez de Marchena, um santo que era um cosmógrafo; Pedro González de Mendoza, grão-chanceler de Castela, que toda uma tarde defendeu o seu roteiro perante os reis católicos, no acampamento de Baeza; o velho duque de Medina-Coeli, que o ajudou a equipar a Niña e a Pinta; e outros ainda até essa boa alma do infante D. Juan, que cria nele, como num predestinado e valente resgatador de almas.

Também estes devem partilhar das coroas do centenário - quando não seja senão para animar, pelo exemplo da sua fé generosa (tão em contraste com a resistência obtusa dos sábios de Salamanca e de todos os corpos constituídos da Espanha), aqueles a quem ainda hoje um grande homem possa levar a confidência de uma grande ideia.

Grande homem decerto o foi, este Colombo! Partira de Itália um simples piloto, e o ar de Espanha fez dele um herói. Melhor! Fez dele um Místico, pondo-lhe na alma essa Fé que vale mais que o Génio, porque só ela comunica ao homem a força que pertence a Deus. É, com efeito, uma ideia de misticismo que impele Colombo para os mares. O que ele pretende não é completar o mapa do mundo, em bem da ciência, mas achar essa misteriosa Índia onde há o ouro (o ouro excelentíssimo, como ele dizia), para com ele, em bem da Fé, equipar dez mil cavalos, cem mil infantes, e ir conquistar Jerusalém!

O que Colombo procurava através das névoas atlânticas era na realidade o Santo Sepulcro. E de que essa Índia seria descoberta e colhido todo esse ouro, seguro estava ele - porque assim o predissera o profeta Isaías!

Parte enfim de Palos. Decerto levava roteiros e mapas. Mas que lhe importavam? O mapa único com que estudava, na incerteza dos altos mares, era o que lhe desdobravam de noite, diante da proa da Santa Maria, dois grandes anjos, e onde ele via brilhar num contorno de lua a Índia e todo o seu ouro! Por isso, quando os ventos sopravam com desusado furor, ele, indignado, mandava-os emudecer, em nome de Deus. E se as altas vagas batiam devoradoramente essas pobres caravelas, mal pregadas, frágeis como os nossos caíques de cabotagem, Colombo, indiferente à manobra, debruçado da amurada, à luz mortiça dum farol, lia às vagas, para as serenar, o Evangelho de São João. Assim era no século XV um almirante mayor del mar oceano. E assim chegou pilotado pelo Espírito Santo. Além está a terra... A Pinta dá naquelas solidões, com uma velha colubrina, o primeiro tiro, anúncio primeiro das mortandades que hão-de vir. Mas nesse instante só se pensava em cravar depressa nel mundo novo uma cruz, signo de infinita paz, do divino ensino trazido aos infiéis! Finalmente, Colombo desembarca. Gajeiros e pilotos choram de pura alegria, aclamam o Almirante. Só Colombo está sereno. Porquê? Ele o diz - «Porque nesta empresa das Índias não me aproveitou razão, nem matemática, nem mapas-múndi; simplesmente se cumpriu o que disse Isaías!»

Há certamente razões para celebrar este homem - mas não sei se as há realmente para celebrar a sua descoberta. Dela datam a decadência e todas as ulteriores misérias de Portugal e de Espanha.

Até essa fatal partida de Palos, nós éramos duas nações ditosas, compostas sumariamente de homens de espada e de homens de enxada. O homem de espada ia adiante, rechaçando o Mouro, e o outro seguia atrás, com a sua enxada, granjeando a terra (que de resto o mouro já regara e preparara bem destramente!). Assim íamos edificando a prosperidade da pátria sobre a base de trabalho. E, dentro de nossa casa, éramos ricos. Todas as grossas e lentas caravelas da Europa vinham a Lisboa buscar trigo: e na Andaluzia, terra da amoreira e gado, havia dezasseis mil teares tecendo alegremente a seda e a lã. Era o tempo dos Bucolistas. E o mais ambicioso poeta exclamava:
«A mí, una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada,
me baste!...»

De repente, porém, uns atrás dos outros, nau após nau, Colombo descobre as Antilhas, Vasco da Gama acha o caminho da Índia, Ponce de León avista a Flórida, Balboa atravessa o Panamá, Álvares Cabral aporta ao Brasil!

E todos eles voltam perturbados, trazendo a notícia e já a posse de terras cheias de especiarias, de marfim, de ouro e de diamantes! Foi como se a estes dois homens, honestamente curvados sobre a terra, o Espanhol e o Português, tivesse saído o prémio grande da lotaria.

Houve uma brusca revolução nas suas ideias, nos seus hábitos, na sua moral. Todos, tumultuosamente, abandonam casais e teares. Para quê trabalhar? Para juntar, ao fim de uma vida suada e dura, dois dobrões no fundo de uma arca? Mas só nas Molucas há um ilhéu cujo solo é todo de ouro, de ouro bruto! Mas as Índias estão atulhadas de pimenta e cravo, e uma mão cheia de especiarias vale uma légua de centeio e milho! Mas o Samari, que é mouro, e portanto presa justa, tem no seu palácio cestas cheias de rubis e diamantes! Basta embarcar, trazer e mercadejar! E tudo embarca. Campos e teares ficam desertos. Dos sete milhões de carneiros que tinha a Andaluzia, escassamente lhe restam alguns milhares, comendo cardo pelas fráguas.

Lisboa já não tem trigo para vender - já não há pão próprio em casa. Há pimenta - com que se compra o pão alheio. Espanha e Portugal não são já duas nações, que pelo trabalho se desenvolvem normalmente, mas duas metrópoles ociosas, de braços cruzados, diante dos seus contadores, explorando ao longe, por meio de escravos, jazigos de ouro e feitorias de tráfico. E, opulentas, gozam a vida.

Mas que sucede? Que pouco a pouco se esgotam os jazigos de ouro. Que outras raças vindas do Norte, dextras nos mares, mais tenazes e mais hábeis, com aptidões de mercancia imensamente superiores, se apoderam das suas feitorias, das suas naus. E aqui fica o desventuroso peninsular sem feitoria e sem ouro! Nada lhe resta. Os campos? Incultos. Os teares? Partidos. Os gados? Comidos nos tempos dos festins, com a pimenta e o cravo do Oriente. E, pior que tudo, perdido o hábito forte e salutar do trabalho! Que fará? Quando ele era rico, e para que Deus lhe perdoasse os meios sangrentos por que enriquecia, fundara e dotara muitos mosteiros, agora poderosos. É esse o seu recurso extremo. E o peninsular, lançando aos ombros a capa do Lazarilho, vai esmolar o caldo de todos os dias à portaria dos conventos.

Tem todavia ainda outro recurso. As descobertas, essas Américas e essas Índias, com o seu comércio, tinham feito desenvolver, entre as raças do norte que com elas aproveitaram, uma instituição nova e estranha - o Banco. O Banco era ainda mais rico que o mosteiro - de facto, ia substituindo o mosteiro. De sorte que o peninsular (apenas adquiriu esta certeza) retomou a capa de Lazarilho e partiu a implorar a vida de cada ano aos Bancos de Inglaterra e França... E assim vive desde que os seus grandes pilotos o presentearam com um mundo. Não vejo por isso que haja uma superior razão em celebrar estas descobertas...

Nós, os Portugueses, fomos talvez mais justos, atendendo apenas, na descoberta, ao poema que ela ocasionou - esquecendo prudentemente a passagem do Cabo e glorificando só Os Lusíadas.

Enquanto à América, só ela realmente se orgulha em ter sido descoberta (vivia tão feliz, quando ignorada!), não me parece que deva especialmente celebrar Cristóvão Colombo como o homem sine qua non, a quem ela deve a sua vida de civilizada.

O genovês não lhe foi essencial para ela emergir do segredo do mar tenebroso!
«A América lá estava», como dizia o bom Narváez.
Ora, sempre que no século XVI se tratava de ir buscar um Mundo, quando não partia já um galeão espanhol, partia logo um galeão português. Em Cádis ou em Lisboa, havia constantemente um mareante pronto a ir com alguns mapas incertos e o coração posto em Deus fundar, através dos mares, um reino novo. E se em 1492 Colombo não tivesse descoberto a América pelo norte, lá estava já Pedro Álvares Cabral, que, em 1500, a descobriria pelo sul. Eram para esse continente mais oito anos de sossego e obscuridade ditosa!

João Gomes

CRÓNICA DE UM ACHAMENTO

No «Eça de Queirós - In Memoriam», de 1922, a reprodução dum recorte de jornal, com riscados e acrescentos manuscritos, tem a legenda «A Correspondência de Fradique Mendes - Uma Prova Emendada por Eça de Queirós».

Lido, o texto não corresponde inteiramente a nenhuma das prosas sobre Fradique ou por ele «escritas». Porém, o recorte de jornal é semelhante a outros usados pelo autor para a construção do livro, saído em 1900, e alguns fragmentos do texto encaixam-se numa carta de Fradique, «A Mr. Bertrand B. - Engenheiro na Palestina», comentando a inauguração do caminho-de-ferro de Jafa a Jerusalém, em Setembro de 1892. Pensava-se ser esta a única peça d’«A Correspondência de Fradique Mendes» que não tinha tido origem numa crónica jornalística, mas era provável que o recorte pertencesse a uma coluna da «Gazeta de Notícias», do Rio de Janeiro, onde Eça publicou durante 17 anos, assiduamente em 1892.

Elza Miné, estudiosa da «Gazeta» e dos seus colaboradores literários portugueses, generosamente enviou do Brasil o microfilme do periódico fluminense daquele ano. Lá estava, sob a rubrica, tão queirosiana, «Notas Contemporâneas», o título «O Caminho-de-ferro de Jerusalém», por «João Gomes», pseudónimo de Eça de Queirós no início dos anos 1890.

A surpresa maior foi o encontro seguinte, no mesmo microfilme, de outra das «Notas Contemporâneas»: nesse ano de 1892, como aconteceu um século mais tarde, o mundo inteiro celebrava o achamento da América por Cristóvão Colombo, e Eça, escrevendo «Colombo e o Seu Centenário» para um jornal do Brasil, legou-nos a sua visão crítica da celebração da descoberta do Novo Mundo, interrogando os motivos que levavam os povos ibéricos a celebrar um acontecimento cujas consequências, afinal, lhes tinham sido pouco proveitosas.

Esta crónica, inteiramente desconhecida desde 1892, porque não foi reaproveitada pelo autor para os seus livros nem foi compilada após a sua morte em nenhuma das colectâneas editadas, publica-se agora: também ela foi assinada por «João Gomes», nome que a encobriu durante 116 anos.

Irene Fialho